Análisis de “Vida Contemplativa, elogio de la inactividad”

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Byung-Chul Han es un adalid de la contemplación, un heideggeriano, un romántico (filosóficamente) y un defensor de un estilo de vida opuesto a la productividad y el rendimiento. En su libro Vida Contemplativa, elogio de la inactividad exalta el valor de la no-producción, de la inactividad, entendida como un tipo de intensidad y una forma de esplendor de la existencia humana. Demuestra que la contemplación y la inactividad resultan necesarias para vincularnos trascendentalmente con la comunidad y con la naturaleza. Byung-Chul Han es más que un referente de la corriente cultural slow down, es un crítico del neoliberalismo y del tecno-capitalismo.

En su discurso en el Premio Princesa de Asturias 2025 reitera la urgencia del tiempo libre lejos del consumo, en comunidad, en las festividades, acercándose a la naturaleza, buscando la paz, librándonos de aquellas cadenas que Charles Chaplin ya denunciaba en “Tiempos Modernos”. Byung-Chul Han está en contra de la explotación, y de la autoexplotación. El libro Vida Contemplativa, elogio de la inactividad es un ensayo filosófico que ahonda en las cualidades ontológicas del reposo, acerca de lo cual cita ampliamente a Heidegger (1889 – 1976). Y a nivel político y sociológico su argumentación se erige en contraste con la filosofía de Hanna Arendt (1906 – 1975) sobre la vita activa (ver su libro “La condición humana” de 1958), en la cual encuentra falencias conceptuales, principalmente una miopía frente a la contemplación como ingrediente esencial de la libertad. Toda la obra de Byung-Chul milita políticamente, implica que después de leer este libro te preguntes ¿qué estilo de vida quiero? ¿cuáles políticas sobre el empleo y el trabajo apoyo?

Libro Vida Contemplativa, elogio de la inactividad

Vida Contemplativa, elogio de la inactividad
Byung-Chul Han
Traducción de Miguel Alberti
Taurus. Barcelona. 2023
140 páginas

Esta entrada en Lectura-Abierta es un análisis del libro Vida Contemplativa, elogio de la inactividad y una transcripción de los apuntes que más me han llamado la atención. El libro es una cátedra sobre el ser humano y la contemplación, con todo lo que implica en términos de filosofía del trabajo y del descanso, y la relación entre individuo, comunidad y naturaleza. Byung-Chul Han cita en esta obra principalmente a Hanna Arendt y a Heidegger, porque sobre ellos ronda su argumentación, pero también cita a los siguientes autores, dejando ver que la crítica al neoliberalismo, la crítica a la sociedad del espectáculo y la visión romántica de la naturaleza le importan: Guy Débord, Karl Marx, Michel Butor, Proust, Robert Musil, Cézanne, Walter Benjamin, Platon, Gadamer, Anaxágoras, Tomás de Aquino, Agustín de Hipona, Aristóteles, Nietzsche, Scheleiermacher, Hölderin, Novalis y Schelling.

La contemplación, esa cosa esencial y revolucionaria

Con su libro La sociedad del cansancio Byung-Chul Han ya había consolidado su crítica en contra del hiper-rendimiento e hiperproducción que el sistema capitalista demanda, pero en aquel trabajo centraba su análisis en el exceso de positividad que se respira en el mercado y la confusión entre “autorrealización” y “autoexplotación” que afecta al sujeto contemporáneo. En contraste con esto, en Vida Contemplativa, elogio de la inactividad su análisis se enfoca más en elogiar los beneficios y la urgencia de la contemplación, de la inactividad y de un tiempo libre que no esté supeditado al trabajo y a los centros comerciales. Este libro es un ensayo filosófico que, sin citarlo, conecta directamente con lo que explica Raimon Panikkar sobre la contemplación en su libro Invitación a la Sabiduría, donde subraya el valor unitario de la contemplación, donde saber y hacer aún no se han separado y se entrelazan la acción contemplativa y la contemplación activa. El libro de Panikkar profundiza incluso más sobre la contemplación, mientras que Byung-Chul Han se extiende en una oda a la inactividad, y la encuentra en la esencia del ser:

la vida solo recibe su esplendor de la inactividad. Si se nos pierde la inactividad en cuanto capacidad, nos pareceremos a una máquina que solo tiene que funcionar. La verdadera vida comienza en el momento en que termina la preocupación por la supervivencia, la urgencia de la pura vida. El fin último de los esfuerzos humanos es la inactividad” (2023: 13).

Byung-Chul Han no está en contra de la actividad, ni del trabajo, ni de la producción de bienes y servicios, ni más faltaba. Pero intenta rescatar que la acción nace del reposo, el trabajo de la inactividad, la ejecución de obras de la contemplación. Su crítica va en contra del capitalismo más feroz que convierte el tiempo en mercancía, que exige rendimiento y producción sin dejar margen a un descanso verdadero, una sociedad que ni siquiera permite un reposo contemplativo en el día festivo (Sabbat), un sistema de estimulación, espectáculo y consumo incansable que acapara todo nuestro tiempo “libre”. Este filósofo por supuesto cita el libro de “La sociedad del espectáculo” de Guy Debord: “la realidad del tiempo ha sido substituida por la publicidad del tiempo”. Otras dos citas: la primera de Michel Butor: “Hay un torrente de publicaciones, pero una parálisis espiritual”; la segunda de Karl Marx: “No se pone como libres a los individuos, sino que se pone como libre al capital”.

“La reconciliación del ser humano y la naturaleza es el fin último de la política de la inactividad”
Byung-Chul Han.

Dice que la eficacia, la productividad y el rendimiento alejan el placer de la simple vida, la lenta vida; el “para-nada” de la contemplación, ese estar libre de “dar un resultado”, es la fórmula de la felicidad. La ensoñación del ser humano frente al fuego, ese conjuro hipnótico que sentimos frente a la hoguera o una chimenea es una actitud que “ilustra su inclinación orgánica hacia la contemplación” (2023: 17). La intensidad de la contemplación podría ser un rasgo único de la naturaleza humana: el ser sabiéndose presente, el universo mirándose a sí mismo… de alguna forma me hace pensar, por lo menos metafóricamente, en el “ver” de Don Juan Matus en el libro “Una realidad aparte”.

Afirma Byung-Chul Han que el ascetismo y el ayuno se disocian de la supervivencia, del rendimiento, de la urgencia: “el ayuno en cuanto tal es un ayuno espiritual” (2023: 19), mientras que la power nap y el sueño lúcido se entienden en clave productiva, es decir, en línea con el rendimiento.

La contemplación, la inactividad, el tedio, el aburrimiento, el no-hacer (elemento que recuerda a la poesía de Li Po), la espera trascendental que no espera nada, el des-laboramiento (désœvrement), dice, es todo necesario para crear, para hacer. “La actividad se completa en la inactividad”, sin embargo, el sistema nos lleva hacia el burn out, el cansancio extremo, el exceso de individualismo, la constante estimulación, picos de cortisol e insulina, dificultad para dormir…

Antiguamente se sabía que la contemplación era una actividad trascendental, de carácter divino. Byung-Chul Han nos habla de la palabra Theoría, que en griego refiere a la contemplación divina. Theoría también designaba a la embajada festiva que va hacia una fiesta o celebración sagrada. Y Theorós se refiere a quien es enviado a esa fiesta. Los Theoroí son entonces los entusiastas contempladores de divinidades. Los filósofos son Theorós, en tanto se ocupan del conocimiento de lo divino. El autor comparte estas citas e ideas:

  • “¿Para qué has venido al mundo? Para contemplar” (Anaxágoras).
  • “Vita activa est dispositivo ad contemplar” (Tomás de Aquino).
  • Agustín de Hipona dice que en el cielo descansaremos, contemplaremos, amaremos y alabaremos.
  • Aristóteles habla de la “bios theoretikós”, la vida contemplativa, que eleva a actividad divina y dicha perfecta. La actividad propia de la divinidad es la contemplación.

La devastadora cita de Walter Benjamin

Hacia el final del libro el autor cita a varios escritores del romanticismo para subrayar la admiración por la naturaleza y su maravilla. Pero ya al inicio del libro reconoce que “La reconciliación del ser humano con la naturaleza es el fin último de la política de la inactividad” (2023: 38). La naturaleza que todo lo cura, pero herida por la industria es uno de los puntos centrales en esta obra de Byung-Chul Han. En esa línea la cita que hace de Walter Benjamin acerca de la pintura Angelus Novous de Klee es muy pertinente en su crítica al capitalismo, la hiperproducción y a lo que se llama “progreso”:

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novous. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas sus alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irremediablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso”. 

El ego y la inactividad, el tedio, la voluntad, la meditación

La inactividad se relaciona con la pausa, la espera, la no acción, y también con el acallamiento del ego y por lo tanto de la voluntad. Pero ¿por qué apaciguar el ego? “Quién está realmente inactivo no se afirma a sí mismo. Se desprende de su nombre y se vuelve nadie. Sin nombre ni propósito, se entrega a lo que acontece” (2023: 27). Byung-Chul Han destaca que la contemplación y la inactividad producen un efecto desubjetivizador, porque te sacan de ti mismo, porque hacen que eso que contemplas te absorba de alguna forma, porque te lleva a un estado mimético con lo externo, un estado de desapego, dice el autor. Algo directamente en relación con el Da-Sein, el “Ser ahí” de Heidegger, la esencia del ser humano de estar volcado en eso que le rodea. Recuerda así mismo que Heidegger vio en la meditación la posibilidad de que nos revelara un “ser-ahí que antecede e incluso preexiste a todo hacer, a toda acción” (2023: 48).

En esa línea, la meditación es una inactividad trascendental que “se entrega a lo que es […] la meditación es una capacidad que no actúa”; también cita a G.H. Gadamer así: “En la meditación nos dirigimos a un lugar desde el que, por primera vez, se abre el espacio que mide todo nuestro hacer y dejar de hacer” (2023: 47).

“Confundimos la vida intensa con más rendimiento, más producción, más consumo” (2023: 67).

La contemplación y la inactividad doblegan, entonces, la voluntad: Byung-Chul Han trae una cita interesante de Walter Benjamin acerca del ejercicio físico para explicar que es en la inactividad donde la actividad se nutre y donde la voluntad abdica:

“Ejercitarse es cansar al maestro hasta el límite del agotamiento mediante el empeño y el esfuerzo, hasta que finalmente el cuerpo y todos sus miembros puedan actuar según su propia razón. El éxito consiste en que la voluntad dentro del cuerpo abdique de una vez para siempre a favor de los órganos, por ejemplo de la mano.” (2023: 25).

¿Pero por qué interesaría que la voluntad abdicara? El maestro se ejercita en la abdicación de la voluntad, dice Byung-Chul Han. Dice que es “el carácter inintencionado e involuntario el que nos hace clarividentes, dando claridad al acontecer, al ser que antecede tanto a la voluntad como a la conciencia” (2023: 26). Esto recuerda a Rūmī cuando dice “El que no ha escapado de la voluntad, no tiene voluntad”. En un poema, Rūmī escribe que el amor es la renuncia a la voluntad.

Libro de Byung-Chul Han en un paisaje, con la Sagrada Familia al fondo

Byung-Chul Han cita otras dos figuras para hablar de la voluntad: a Robert Musil para decir que el reino de la inactividad sería un Sabbat eterno, un estado onírico, un paisaje de la inactividad donde la voluntad productiva no tiene lugar. También recuerda las palabras de Cézanne a propósito de la tarea del pintor:

Toda su voluntad ha de ser de silencio. Debe hacer callar en él todas las voces de los prejuicios, olvidar, olvidar, hacer el silencio, ser un eco perfecto. Entonces se inscribirá en él todo el paisaje en su placa sensible”.

Viniendo de la filosofía alemana, no extraña que para Byung-Chul Han el autor de “Ser y Tiempo” sea un referente. Reconoce que en esa obra Heidegger no da espacio para la inactividad pero que en obras posteriores hace un tránsito de la acción al ser. El tedio y la angustia propia de la inactividad sería eso que releva, no a la acción, sino al ser.

Solo la angustia abre al Dasein la posibilidad de hacerse cargo de su poder-ser-sí-mismo en contra de la ‘impropiedad’, o sea, la posibilidad de actuar. Heidegger exige a la angustia, de este modo, algo que en realidad le está negado, puesto que la angustia implica la imposibilidad de actuar. Sin embargo, él la entiende como la posibilidad por excelencia de apoderarse del sí-mismo más propio de decidirse a la acción […] En el tedio, tanto como en la angustia, al Dasein se le escapa el mundo, es decir, el ente en conjunto. El Dasein va a parar a un vacío paralizador. Todas ‘las posibilidades del modo de obrar’ son denegadas” (2023: 57).

Gracias a esa imposibilidad de actuar que la quietud, la inactividad, el tedio, la angustia, generan en el ser, es que éste entra a la acción: “Del tedio brota el insistente llamamiento a resolverse a ‘actuar aquí y ahora’” (2023: 58). Hay que leer Vida Contemplativa, elogio de la inactividad para conocer la interesante revisión que hace de Heidegger, por ejemplo, cuando habla de la relación con la naturaleza. Frente a la inmensidad del paisaje o las estrellas uno se vacía, se entrega a lo otro del sí mismo, se desarma frente a lo inmenso indisponible (2023: 61). Hace pensar en la terapia de caminar en la montaña, en el esfuerzo inútil y purificador de subir a la cumbre para volver a bajar. 

“La historia culmina en el momento en que la acción cede el paso a la contemplación, o sea, en el Sabbat de la inactividad” (2023: 75)

Explica el autor que Heidegger llega a la conclusión de que solo las inactividades como la fiesta y el juego dan esplendor a la existencia humana, en ellas brilla lo esencial. La festividad la entiende como inactividad en tanto que no es un trabajo productivo y señala que ella libera de la estrechez del propósito y la acción, de las “trabazones de la meta y la utilidad”. El tiempo de la fiesta como como un tiempo de contemplación intensificada, la fiesta como una forma de ser en comunidad. Byung-Chul Han entiende la festividad cultural como acontecimiento por fuera del concepto de utilidad, funcionalidad y productividad moderna, algo rebatido por teorías antropológicas como el Materialismo Cultural de Marvin Harris.

Byung-Chul Han acerca de la vita activa de Hannah Arendt

Byung-Chul Han habla de la filosofía de Hannah Arendt (1906 – 1975) señalando sus falencias, afirma que su pensamiento carece de toda dimensión sabática. El debate con Hanna Arendt en este libro es extenso, así que todos los comentarios que complementen esta lectura son más que bienvenidos. Según Arendt, la Polis griega se basa en la necesidad de la redención a través de la acción; ella no presta atención al “Témenos” (espacio para la divinidad, reino de las ideas perennes, la acrópolis) solo al “Oikos” (casa, vivienda en la Polis). Solo en la acción y no en el reposo encontraríamos satisfacción. Para Arendt “la vida por fuera del escenario de lo político es una vida animal” (2023: 80). Arendt habría sobredimensionado el “escenario de la polis” como lugar del “alguien”, del individuo, dejando de lado al “Témenos” y la colectividad, la comunidad. Byung-Chul Han critica esta línea de pensamiento por idealizar lo político, la acción y su dificultad “para reconocer que hay que atribuir la esclavitud, el hambre y la miseria, en primer lugar, a causas políticas y económicas” (2023: 87).

Para Arendt el pensamiento es considerado como la más activa de todas las actividades humanas, pero Han entiende que el pensamiento no es “vita activa” sino vida contemplativa, como ya lo había enseñado Cicerón. Es interesante la crítica que hace Hanna Arendt sobre la victoria del animal laborans en la modernidad; la absolutización del trabajo estaría arruinando todas las demás capacidades humanas. Han no está en desacuerdo, pero señala que es la pérdida de la capacidad contemplativa lo que engendra la dominación del animal laborans.

Hannah Arendt cree que la singularidad del ser humano se revela en la acción. Byung-Chul Han no, de hecho, cree todo lo contrario: en la inactividad.

Según Arendt “La perennidad ha desaparecido del mundo que rodea a los humanos y de la naturaleza que rodea al mundo”, pero ha encontrado un lugar en el oscuro corazón humano; por el contrario, Byung-Chul Han señala que en el mundo digital actual el corazón no puede dar refugio a la perennidad. En la era digital estamos desprovistos de corazón, si el corazón es el órgano de la memoria, entonces todo hoy es provisional, inconsistente, líquido (ver Zygmunt Bauman). Hay una crítica a la información que éste y otros filósofos vienen desarrollando, una crítica a la circulación acelerada de información y de capital, al cortoplacismo sin pausa, al rol de la información que no es un relato sobre la verdad y a su efecto: “el ser se desintegra para convertirse en informaciones” (2023: 65). Dice que la información carece de lo simbólico o es pobre en ello, lo cual es muy cuestionable. No obstante, señala que la información se caracteriza por un vacío simbólico en consonancia con una sociedad de individuos indiferentes, lo cual agudiza la falta de lo asociativo y lo vinculante. La conexión digital no es lo mismo a estar vinculado; el p0rn0 es así, pareces estar acompañado pero en realidad estás siempre solo. Ya Walter Benjamin mencionaba el creciente protagonismo de la información como forma de contar industrializada y disociativa, que no actúa como “pegamento” social.

Sin embargo, Hannah Arendt no es ajena a la crítica de la sociedad capitalista. Según ella en la sociedad de masas se suprime al “alguien” como sujeto de acción. En la masa el sujeto entra en una conducta normalizada que reemplaza la acción espontánea; para ella en la antigua Polis cada quien actuaba para destacarse y ser “eterno”, en cambio, en la actualidad toda acción es un promedio, es homogénea y todo es efímero. (Freud ya lo había subrayado en su ensayo Psicología de las masas diciendo que en la masa el individuo pierde su subjetividad).

Para Byung-Chul Han, hace rato que abandonamos la sociedad de las masas… “La idea de Arendt de la sociedad de las masas no permite comprender las evoluciones sociales actuales” (2023: 95) porque ahora se ha superado eso de “la masa que todo lo estandariza”; ahora estaríamos en un momento en el que todo el mundo se considera único y aunque no lo sea, actúa como tal, todos se performan y todo se performa; en lógica imperecedera de las redes sociales, la gente actúa como si fuera una estrella, lo cual es una expresión más de la sociedad del rendimiento y una vida performativa. La dominación y normalización adoptan una forma estimulativa, una exhortación a rendir más, a gustar más, a publicar más, a saber más. El rendimiento es un culto al yo, la misa del yo, dice el autor. En este contexto cabe pensar el efecto de las herramientas e interfaces de la Inteligencia Artificial ¿logrará finalmente que el ser humano tenga más tiempo libre para la contemplación o que añada una capa más de estimulación, productividad y dependencia? ¿Ayudará la IA a descansar más o a trabajar más?

Byung-Chul Han cita a Nietzsche y al “genio de la meditación”

Más que la inactividad, lo más humano es la acción, no la contemplación, y la Polis es el lugar de la acción libre. Byung-Chul Han critica esto y hace recordar la Apología de Sócrates, donde se ve que la Polis no es el escenario para que el individuo alcanzara cierta luminosidad y pudiera declarar la verdad. Uno de los capítulos los ha titulado “el Páthos de la acción” porque la acción conlleva la promesa de lo nuevo. Y es precisamente sobre esta idea que trae a colación las obras “La ciencia jovial” y “Humano, demasiado humano” de F. Nietzsche (1844 – 1900). Él habla de “El genio de la meditación”, pensador de la transvaloración que rechaza todo énfasis ciego en lo nuevo. Una figura que rescata la vida contemplativa frente a la velocidad de la vida moderna. Habla así de los grandes espíritus contemplativos que han existido en la historia, como Epicuro y Schopenhauer.

Nietzsche veía que en su época no habían más “Labradores del espíritu”, personajes que cavan en lo profundo de los viejos pensamientos y fructifican con ellos. Todo por haber apartado la vida contemplativa. En la modernidad no hay casi “labradores de espíritu” porque fuimos abandonados por el genio de la contemplación.

Alguien vs nadie

Según Arendt en la sociedad de masas moderna se suprime al “alguien” como sujeto de acción; en ella se produce el “dominio del nadie”. Arendt destaca que en la Polis griega había una igualdad entre sujetos, y entre ellos, cada cual buscaba destacar en su especialidad o técnica. En esta acción política había lugar para lo nuevo. No obstante, en la modernidad no hay una igualdad al estilo griego (Gleichheit) sino una homogenización, una regularización. En la modernidad la singularidad tiende a ser nivelada en el promedio, mientras que el espacio público de la Polis estaba reservado para lo no-promedio. La sociedad de masas diseña un cuerpo de conductas normalizadas que reemplazan la acción libre que Arendt ve en la Polis. No es banal detenernos en esta idea: actualmente, siglo XXI ¿Cuál es el nuevo cuerpo de conductas generalizadas que reemplazan la acción humana? ¿La IA reemplaza o aumenta a la acción humana? ¿liberará la IA del exceso de productividad y trabajo al ser humano para que éste por fin tenga tiempo para el descanso y la contemplación?

Byung Chul-Han observa que Arendt pierde de vista que en la Polis también había un sistema de estratificación, una estructura de dominación, “un régimen que convierte a la persona en un sujeto, es decir, en alguien sometido” (2023: 94). No obstante, la crítica que hace Arendt era muy consecuente con lo vivido en el siglo XX: ella señala que la sociedad de masas homogeniza e impide la acción, lo cual deteriora la libertad; para ella la singularidad del ser humano se revela en la acción, por lo tanto, todo lo que la impida impide la realización del ser humano. Byung-Chul Han tiene los ojos puestos en el siglo XXI y propone entender esto de otra forma: ya no estamos en la sociedad de masas de la hipervigilancia y la normatividad, dice. Estamos en la sociedad del rendimiento, en la que todo el mundo se considera único, en la que cada uno se performa y hace una vida performativa (desafortunadamente esto se confunde con un aumento de la libertad). Es la era de la autoproducción y la autoescenificación narcisista.

Han observa que la normalización ha adoptado una forma estimulativa, una exhortación a rendir más. Un culto al yo, la misa del yo, afirma. Un sistema sociocultural que presiona por la autenticidad. Dado este contexto, Byung-Chul Han subraya que, contrariamente al narcisismo de las redes sociales, la singularidad del ser humano se revela en inactividad y no en la acción. Y, añade, en la “inactividad comunitaria», en aquella inactividad relacionada con la celebración grupal con fines diferentes a los productivos.

Arendt ve en la contemplación algo secundario y, señala Han, en su vocabulario ni siquiera aparece la fiesta, lo festivo. La condición humana de Arendt pone el acento en la acción, mientras que Han lo hace en todo aquello que subvierte la acción, porque según él, la acción está subvertida en esta época. Por ejemplo, la fiesta, un tiempo detenido, el reposo festivo, el carácter antieconómico de la fiesta, con sus excesos, su desenfreno y despilfarros.

Fiesta, religare y naturaleza, así recuperaríamos la atención profunda

La fiesta y también la religión desactivan la acción (en clave productiva). La religión, que comparte con la contemplación el hecho de “escuchar”: la escucha, la intuición y la inactividad. Pero Han no se refiere a las religiones sino a ese “intuir el universo”; cita al teólogo alemán del siglo XVIII Friedrich Schleiermacher, quien dice: “la religión disuelve toda actividad en una intuición asombrada de lo infinito”. Han propone pensar así en la religión, una que es absolutamente pensable sin un dios, una religión que no excluye al ateísmo, pero que si implica un sentido de la totalidad.

Siguiendo este razonamiento Byung-Chul Han encuentra, o expresa, que el pensamiento romántico conecta bien con lo anterior. Cita entonces a Hölderlin: “Ser uno con el todo, esa es la vida de la divinidad, ese es el cielo del hombre. Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, esta es la cima de los pensamientos y alegrías, esta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno” (2023: 109). En su esencia, la naturaleza está libre de utilidad y todos tenemos acceso a “la inagotable riqueza de su interioridad poética”, puntos centrales en la visión de Novalis, quien subraya la profunda simpatía entre humano y natura, y en la de Schelling, quien ve en la naturaleza y el espíritu expresiones de la misma realidad, y en pensamiento humano un resultado de esa misma naturaleza y vitalidad. (Ver este trabajo de grado de Álvaro Navarrete Cubero para la Universidad de Zaragoza: “Naturaleza, filosofía y poesía en Hölderlin y Schelling”).

Por lo tanto, Han encuentra en el romanticismo las razones de base para entender al reino de la naturaleza como el lugar en el que se es libre, pero libre en conexión con todo lo demás; “la libertad es amabilidad” dice Han, recordando que la palabra “Frei” viene de la raíz indoeuropea “Fri”, que significa “amar”. Afirma la condición divina de la naturaleza, su paz que a toda razón supera, su ser, “frente al cual el sujeto renuncia a su soberanía y rompe a llorar”. En este punto, Byung-Chul Han también conecta con la idea que Panikkar desarrolla sobre la “Ecosofía” y la importancia de entregar al mundo la sacralidad que alguna vez le fue arrebatada (ver “El mundanal silencio”).

Alerta que, en consecuencia, vivimos en una crisis dada por la pérdida de la capacidad contemplativa, una crisis de la atención, “la atención como plegaria natural del alma” (2023: 107). Una crisis de la religión, en los términos que antes ha dicho. La romantización del mundo nos ayudaría a recuperar esta atención profunda, la contemplación nos ayudaría a sanarnos del exceso de cortisol, la vida en comunidad (no simulada en el mundo digital) nos ayudaría a disipar el aislamiento, las divisiones, los enfrentamientos.

Contracubierta del Libro Vida Contemplativa del filósofo Byung-Chul Han

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