Esta entrada es una reseña y recopilación de citas textuales de “Una realidad aparte”, el segundo libro de Carlos Castaneda acerca de su aprendizaje con el indio yaqui don Juan Matus. Las citas textuales nos sirven para analizar algunas ideas claves y entender y aprovechar esta obra. Al final del primer libro, “Las enseñanzas de don Juan”, Carlos se expresa derrotado, no apto para el camino que don Juan le presenta. El consumo de peyote y otras sustancias lo han dejado desanimado, se ha sentido incapaz de gestionar esos estados alterados de conciencia. Eso era en 1965, pero en esta ocasión, ya en 1968, termina aceptándose como aprendiz de brujo; aún tiene inseguridad pero menos miedo. Todas las experiencias con don Juan lo alejan del “pensamiento normal”, cada paso cuestiona su “idea del mundo”, le exige dejar de entender la realidad como siempre lo ha hecho y, tras la insistencia de su mentor, debe restar importancia a sí mismo. El camino del guerrero que le enseña el brujo no es el camino del ego, del ego-ismo, por el contrario, es uno en el que el yo no importa más que nada. Don Juan le explica que, si no deja de centrarse en sí mismo y de darse importancia, no podrá lograr la “hazaña” de Ver. “Ver” es una meta-percepción de la realidad que permite acceder a la esencia de las cosas, y este es el objetivo de fondo Una realidad aparte. Carlos no lo consigue, pero se acerca. Aparte de “ver” está el objetivo paralelo de avanzar en su aprendizaje como brujo a través del contacto con el humito y otras acciones y reflexiones, por ejemplo, acerca de la voluntad, el desapego o el desatino controlado. Don Juan le explica que se puede ser brujo sin aprender a “ver”, y que se puede “ver” sin necesidad de ser brujo, pero desde su punto de vista, cuando un guerrero puede “ver” su carrera como brujo tiene más soporte: «ver» ayuda a asumir los retos y peligros de forma más integral o poderosa. En este libro Carlos describe a don Juan como un indio anciano de estatura mediana, pelo corto y blanco, muy moreno con hondas arrugas en el rostro y, en 1968, de más o menos 70 años.
Una realidad aparte
Carlos Castaneda
FCE. México. 1993
Traducción: Juan Tovar
Título original en inglés: A Separate Reality (Further Conversations with don Juan)
Primera edición en inglés 1971
Primera edición en español 1974
Una realidad aparte y la ética del guerrero
Tal vez las pautas que más sobresalen en toda la narración y que rigen el comportamiento de un guerrero es que el “yo” no importa, y que nada importa o es suficientemente importante para tomarte la cabeza: un guerrero ni tiene miedo ni se entrega (ni en pensamiento ni en acción), por lo tanto, sus sentimientos no rigen su acción y, mucho menos, tiene un lugar para las penas y las sensiblerías. Don Juan es impecable, estoico y estratega, nunca se entrega, nunca está disponible y nunca está esperando:
- “Para convertirse en un hombre de conocimiento hay que ser un guerrero, no un niño llorón” (1993: 104)
- “La vida para un guerrero es un ejercicio de estrategia […] Pero tu quieres hallar el significado de la vida. A un guerrero no le importan los significados” (1993: 209).
- “El espíritu de un guerrero no está engranado para la entrega y la queja, ni está engranado para ganar o perder. El espíritu de un guerrero solo está engranado para la lucha, y cada lucha es la última batalla del guerrero sobre la tierra. De ahí que el resultado le importe muy poco. En su última batalla sobre la tierra el guerrero deja fluir su espíritu libre y claro. Y mientras libra su batalla, sabiendo que su voluntad es impecable, el guerrero ríe y ríe” (1993: 248).
- “Un guerrero no se entrega, por eso no puede morir de susto. Un guerrero permite que el aliado venga sólo cuando él ya está listo y preparado. Cuando es lo bastante fuerte para forcejear con el aliado, ensancha su abertura y va para afuera, agarra al aliado, lo tiene sujeto y le clava la vista el tiempo que necesita; luego hace los ojos a un lado y suelta al aliado y lo deja ir. Un guerrero, mi amiguito, es alguien que siempre manda” (1993: 289)
- “Un guerrero usa sus resguardos para protegerse”
Carlos Castaneda es un personaje en el que hay dos fuerzas que tiran en sentidos opuestos y esta tensión lo rasga en dos: se ha formado como académico de universidad, pero al avanzar en “el camino del guerrero” su propio sistema de verdades y normas se va erosionando. Esta tensión es el centro dramático en estas obras, el epicentro de los terremotos perceptivos que describe en sus aprendizajes y también de su propio estilo narrativo. Su escritura describe el encuentro de su perspectiva racional y científica con la cosmología y conocimiento mágico que Don Juan porta. La óptica racional de Carlos se requiebra frente a la rareza e innegable realidad de los eventos mágicos que vive. Y en Una realidad aparte hay una multitud de experiencias de este tipo. No obstante, el lector es testigo de que a lo largo de los siguientes libros (“Relatos de poder” y “Viaje a Ixtlán”) Carlos sale bien librado.
Don Juan sabe de esta tensión y le insiste en acabar con la importancia de sí mismo (individualismo) y también cuestiona su necesidad de apuntar y entender todo en sus términos estructurales. Cargar con el peso del ego no es compatible con el camino del guerrero. También en religiones como el budismo o el cristianismo el ego es exactamente eso que obstaculiza la iluminación. Aunque la cosmología de don Juan no es una religión y la interacción con los espíritus y “ver” no se entienden como una “iluminación divina”, don Juan da a entender que Mescalito puede extender su “gracia” sobre los sujetos. En todo caso, sobrepasar el obstáculo del ego y dejar de entender todo con la razón son dos pautas comportamentales que don Juan le impone. También don Genaro, otro brujo amigo de don Juan, le dice que es imposible “ver” mientras uno toma notas.
“Sentirse importante lo hace a uno pesado, rudo y ruidoso”
Importa actuar, no entender. El mundo y las fuerzas que don Juan le muestra son en sí mismas inexplicables y no importa nada comprender sus causas o naturaleza. Los animales, las plantas, los arroyos, todo tiene un espíritu, y don Juan sabe cómo relacionarse y qué hacer, pero no puede ni le importa explicarlo todo. Por ejemplo, cuando le dice que “Hay que hablar con las plantas antes de cortarlas”, de lo contrario las mismas plantas podrían enfermarlo por actuar así. Esta noción implica una pauta de comportamiento que implica estar en buenos términos con todas las cosas vivientes de este mundo.
Un caso más intenso es el del Guardián del otro mundo; para poder “ver” hay que vencerlo. Después de una fumada del humito Carlos consigue verlo, es un monstruo de 30 metros, con mechones negros y dos alas, dos ojos blancos saltones y una trompa larga, y según don Juan, ha logrado sobrevivir a él, pero no vencerlo. Hay “otro mundo” y hay un “Guardián del otro mundo”, y hay que saber qué hacer, pero explicar de dónde vienen, qué son, qué los causan, o si el guardián es en realidad un mosquito, no importa…
Don Juan le dice a Carlos: “Piensas demasiado en ti mismo […] eso te da una fatiga extraña que te hace cerrarte al mundo que te rodea y agarrarte de tus razones” (1993: 11) y “Sentirse importante lo hace a uno pesado, rudo y ruidoso […] se necesita ser liviano y fluido” (1993: 14). En algún momento le dirá que incluso debe abandonar su historia personal. No obstante, Carlos insiste en apuntar y tratar de entender el mundo de don Juan como un sistema de interpretación sensible; un sistema que tendría unidades de significado propias de la brujería. Es el Carlos estructuralista y hermenéutico analizando al don Juan mágico, estoico y no racionalista. Este Carlos es el que escribe y traduce las experiencias mágicas en literatura, pero no el que profundizará más y más en la brujería.
Debes dejar de hablar contigo mismo, detener el diálogo interno, le dice también. “Debes usar tus oídos a fin de quitar a los ojos una parte de la carga […] el mundo cambiará tan pronto como dejes de hablarte a ti mismo” (1993: 252), esto se lo dice en un momento en el que le explica que ver no es algo exclusivo de los ojos.
Ser un “hombre de conocimiento” es lo que don Juan exalta, pero eso es diferente a ser un intelectual. No se trata de racionalizar sino de acceder a las diversas realidades, entrar en los diferentes mundos. Un maestro brujo puede acceder a las 10 capas del otro mundo y puede llevar a su aprendiz a ellas, dice don Juan. Nuestra suerte es aprender “y ser arrojados a nuevos mundos, inconcebibles […] Ver es para los hombres impecables. Tiempla tu espíritu, llega a ser un guerrero, aprender a ver, y entonces sabrás que no hay fin a los mundos nuevos para nuestra visión” (1993: 178).
“Un hombre de conocimiento se hace terriblemente consciente de su muerte”
Además de las prácticas y exploraciones mágicas, don Juan enseña a Carlos una manera de ser, un comportamiento, una actitud, una ética. No solo la disolución del ego es necesaria sino también algo que él llama el “desatino controlado”. Así le llama a un tipo de estoicismo en el que las cosas del mundo, la vida cotidiana, los dramas familiares o laborales, etc., en realidad no importan y no afectan: “he templado mi voluntad […] y ahora no me importa nada que me importe” (1993: 94) dice don Juan. Explica que en la sociedad aprendemos todo tipo de códigos y a pensar en la importancia de las cosas. Pero esto se disuelve cuando por fin “vemos”.
Acerca de la Voluntad
La voluntad es un rasgo esencial que distingue a un guerrero. La voluntad en un sentido profundo es una especie de dominio, un poder y no un pensamiento; la voluntad es algo de lo que se vale un brujo para “interferir” o para “conseguir” según sea su propósito; es un poder con el que se relaciona con el mundo. No es un sentimiento, ni un objeto ni un deseo:
“La voluntad es lo que puede darte el triunfo cuando tus pensamientos te dicen que estás derrotado. La voluntad es lo que te hace invulnerable. La voluntad es lo que manda a un brujo a través de una pared; a través del espacio; a la luna si él lo quiere […] Describió la voluntad como una fuerza que era la verdadera liga entre los hombres y el mundo. Tuvo buen cuidado de establecer que el mundo era lo que percibimos, en cualquier manera que podemos elegir percibirlo. Don Juan sostenía que ‘percibir el mundo’ involucra un proceso de aprehender lo que se presenta ante nosotros. Esta ‘percepción’ particular se lleva a cabo con nuestros sentidos y nuestra voluntad” (1993: 170).
“Cuando percibimos el mundo con la voluntad, sabemos que no está tan allí ni es tan real como pensamos. […] La voluntad es una fuerza, un poder. Ver no es una fuerza, sino más bien una manera de atravesar cosas. Un brujo puede tener una voluntad muy fuerte y sin embargo quizá no vea; eso significa que sólo un hombre de conocimiento percibe el mundo con sus sentimientos y con su voluntad y también con su ver.” (1993: 171 – 172)
Don Juan dice a Carlos que percibimos y actuamos en el mundo según unos parámetros y un sistema heredado, pero él le enseña que esa percepción ordinaria se puede superar. Un guerrero tiene su voluntad para romper los límites del sistema ordinario; es una voluntad que tiene un lugar en el cuerpo, le dice que es una sensación cerca del ombligo, una voluntad con la que se pueden agarrar las cosas o asir el mundo. Su voluntad es su hazaña suprema: “Un guerrero no tiene más que su voluntad y su paciencia, y con ellas construye todo lo que quiere” (1993: 167).
Con su voluntad un brujo se relaciona con el mundo y con ella puede afectarlo físicamente. La voluntad de la que habla don Juan desafía las leyes de la física, así como él ha hecho con el motor del coche de Carlos, concentrando su voluntad y capacidad de interferir con las bujías, una pieza clave, impidiendo que el motor funcionara. A esa “pieza clave”, que está en cada fenómeno, don Juan la llama una “coyuntura clave”.
“Ser brujo es una carga terrible […] es mucho mejor aprender a ver. Un hombre que ve lo es todo; en comparación, el brujo es un pobre diablo […] La brujería es aplicar la voluntad a una coyuntura clave – dijo –. La brujería es interferencia. Un brujo busca y encuentra la coyuntura clave de cualquier cosa que quiera afectar y luego aplica allí su voluntad. Un brujo no tiene que ver para ser brujo; nada más necesita saber usar su voluntad.” (1993: 229).

Los resguardos
La suma de esos poderes es conocimiento, pero al abrirse a él, un brujo se vuelve más vulnerable que el hombre común. Más poderoso, más impecable, impredecible, pero más vulnerable: “sus semejantes le odian y le temen y se esfuerzan por acabarlo; por otro lado, las fuerzas inexplicables e inflexibles que a todos nos rodean, por el derecho de que estamos vivos, son para el brujo la fuente de un peligro aún mayor” (1993: 247). Este “abrirse al conocimiento” hace que pierda los “resguardos” comunes que la gente usa y solo tiene su voluntad para nivelar todo esto. Ese lugar en el que está situada la voluntad, en el vientre, es el mismo lugar por el que uno muere. La muerte entra por el vientre, se mete por la abertura de la voluntad, le dice don Juan. “Conforme la vejez lo debilita su voluntad se apaga” (1993: 228).
La noción de “resguardos” no es lejana en este discurso mágico respecto de la vida cotidiana de todas las personas. Los resguardos se entienden como todo lo que la gente hace y tiene (objetos) para “distraerse” o pasar el tiempo o sentirse seguro o reconfortado. Nos encontramos frente a fuerzas inexplicables, le dice don Juan, fuerzas naturales o conceptos o paradigmas o fenómenos inconmensurables e inauditos (incluso pensándolo desde la física o la química) y hacemos cosas que nos ayudan a protegernos de ello. Al encontrarnos con esas fuerzas inexplicables la abertura por donde uno muere se ensancha, por eso los resguardos sirve para protegerse. Le dice don Juan:
“La gente está ocupada haciendo lo que la gente hace. Esos son sus resguardos. Cada vez que un brujo se encuentra con cualquiera de esas fuerzas inexplicables e inflexibles de las que hemos hablado, su abertura se ensancha, haciéndolo más susceptible a su muerte de lo que es comúnmente; te he dicho que morimos por esa abertura; por ello, si está abierta, uno tiene que tener la voluntad lista para llenarla; eso es, si uno es guerrero. Si uno no es un guerrero, como tú, el único recurso que le queda es usar las actividades de la vida cotidiana para apartar de la mente el susto del encuentro y así permitir que la apertura se cierre” (1993: 249).
Don Juan le dice a Carlos que está muy cerca de sentir y actuar como un guerrero y por lo tanto esos resguardos comunes ya no le servirán. Tiene que elegir o crear unos nuevos. ¿Cómo encontrarlos entonces? Lo puede hallar en el “camino con corazón” que elige seguir. Un camino con corazón es el que lo hace sentir bien en lo profundo. Los elementos que escoge para que sean sus resguardos son los que hay en un camino con corazón. Éstos podrían ser una canción, un estado de ánimo, un pensamiento o un objeto.
En esta parte del libro se habla de la inmensidad del mundo y del desconocimiento que tenemos. Considerar esas fuerzas inexplicables lleva a pensar que ¡el mundo es un interminable misterio! De hecho, el universo. Está en lo cierto don Juan al exponer que estamos rodeados de lo inexplicable, así como la astronomía nos lo enseña.
“De hecho, podría decir que para la humanidad lo que la gente hace es más grande y más importante que el mundo mismo.
—¿A qué llama usted el mundo?
—El mundo es todo lo que está encajado aquí —dijo, y pateó el suelo —. La vida, la muerte, la gente, los aliados y todo lo demás que nos rodea. El mundo es incomprensible. Jamás lo entenderemos; jamás desenredaremos sus secretos. Por eso, debemos tratarlo como lo que es ¡un absoluto misterio!
[…]
Un guerrero se da cuenta de esta confusión y aprende a tratar las cosas debidamente. Las cosas que la gente hace no pueden, bajo ninguna condición, ser más importantes que el mundo. De modo que el guerrero trata el mundo como un interminable misterio, y lo que la gente hace como un desatino sin fin.” (1993: 253).
¿Qué es ver?
Ver es muy difícil. VER es un poder perceptivo, una suerte de revelación. Don Juan le explica a Carlos que “ver” no solo es algo que se hace con los ojos, también participan los demás sentidos, y en general, una disposición total del ser. En una de las experiencias le exhorta a escuchar, a desarrollar esa percepción con el fin de “ver”. También le sugiere que el coyote, en la naturaleza, ve.
Don Juan dice que al “ver” a una persona se observa un huevo de fibras luminosas que lo recubre y que se insertan en su abdomen, su lugar más vulnerable. Justo ahí, dónde las fibras se encuentran está la voluntad. Al “ver” se puede detectar el estado de salud de una persona y también si ésta puede “ver”. Según don Juan y don Genaro todo indica que Carlos puede “ver”, pero en realidad no es así.
Hay algo que impide que Carlos “vea”. En un ejercicio de psico-visión don Juan logra ver en el pasado de Carlos a un niño llorando, se trata de una experiencia infantil y una promesa que hace muchos años situó a Carlos en un tipo de estado de arrepentimiento y derrota. Carlos logra recordar que cuando niño ganaba muchas batallas, pero prometió no seguir siendo victorioso al haber herido a un pobre niño inocente. Carlos llega a entender que, para ver lo que tiene que hacer es desbloquearse psicológicamente. Las siguientes citas textuales expresan qué es “ver”:
- “Las cosas no cambian. Uno cambia la forma de verlas, eso es todo” (1993: 44).
- “Cuando aprendes a ver, una cosa no es nunca la misma cada vez, y sin embargo es la misma” (1993: 45).
- Ver “disipa la ilusión de la victoria, la derrota o el sufrimiento” (1993: 159).
- “La voluntad es una fuerza, un poder. Ver no es una fuerza, sino más bien un modo de atravesar las cosas” (1993: 171).
- “Cuando uno ve ya no hay detalles familiares en el mundo, todo es nuevo. Nada ha sucedido antes. ¡El mundo es increíble! […] ¡Todo lo que miras se vuelve nada! […] Las cosas no desaparecen. No se pierden, si es eso lo que quieres decir; simplemente se vuelven nada y sin embargo siguen estando allí” (1993: 184 – 185).
- “Ver no es brujería” (1993: 194).
- “Cuando uno aprende a ver, ni una de las cosas que conoce prevalece. Ni una sola. Si los tibetanos vieran, sabrían de inmediato que ninguna cosa es ya la misma. Una vez que vemos, nada es conocido; nada permanece como solíamos conocerlo cuando no veíamos” (224).
Acerca del humito en Una realidad aparte
De las tres “plantas” que describe en el libro “Las enseñanzas de don Juan”, el peyote, el toloache y el hongo psilocybe, en “Una realidad aparte” es este último el que más se consume, pero en la preparación llamada el “humito”. Inicialmente Carlos comenta que el humito es un aliado, y que los aliados son susceptibles de manipulación, ayudan a conseguir objetivos, por ejemplo: “El humito te ayudará a ver a los hombres como fibras de luz” (1993: 28). Más adelante don Juan le explica que el aliado, como el humito, no está en el humo, ni en la mezcla para fumar, sino que éste te lleva adonde está el aliado. En uno de esos viajes Carlos logra ver al aliado, a lo lejos, se le ha presentado como si fuera una persona.
En una de esas tomas Carlos no es consciente de haberse desplazado tanto como don Juan le ha dicho. El humito le puede ayudar a un guerrero a ver y a hacer cosas inconcebibles. “El humito te ayudará a ver a los hombres como fibras de luz” (1993: 28). Don Juan le explica:
“Eso es lo que hace el humito. Uno puede hablar sin darse cuenta; uno puede moverse miles de kilómetros y tampoco darse cuenta. Así es también como se pueden atravesar las cosas. El humito se lleva el cuerpo y uno está libre, como el viento; mejor que el viento: al viento lo para una roca o una pared o una montaña. El humito lo hace a uno tan libre como el aire; quizá hasta más libre: el aire se queda encerrado en una tumba y se vicia, pero con la ayuda del humito nada puede pararlo a uno ni encerrarlo (1993: 143 – 144).
En los siguientes libros seguirá presente el humito en tanto aliado. Don Juan le enseñará cómo aprovecharlo para lograr objetivos y actuar en el mundo. Este libro está lleno de experiencias. El lector recordará episodios tan interesantes como el ataque de la bruja Catalina, las enseñanzas con la cuerda y el canto que componen esa herramienta llamada “cazador de espíritus” (que es un objeto de poder), la visión que tiene Carlos del espíritu del agua, la hazaña de don Genaro frente a don Juan, Carlos y sus aprendices Pablito y Nestor, entre otros.
“No los llames espíritus […] llámalos aliados o fuerzas inexplicables” le dice don Juan. “Hay tres clases de seres […] los que no dan nada porque no tienen nada que dar, los que solo causan susto, y los que tienen regalos” (1993: 267). Éstos últimos serían los dadores de secretos, existen en sitios solitarios y alejados, casi inaccesibles. Esto hace pensar en cuando nos alejamos, física y simbólicamente, de la sociedad y nos adentramos en la naturaleza, en lo oscuro, en la tierra de nadie, en la tierra de los espíritus, la otra realidad, una mística u otra capa perceptiva extra-ordinaria.
Sobre Mescalito
Por otra parte, Mescalito (el peyote) no es un aliado al uso y no se puede controlar, es una fuerza que enseña “la forma correcta de vivir”. Carlos asiste a un mitote, en el que otros yaquis entran en contacto con Mescalito y llegan a acuerdos; Carlos tiene una experiencia intensa con los ojos cerrados que lo regresa a una memoria con su madre. Don Juan le explica que no había “visto”, sino que Mescalito había “derramado su luz sobre él”.
Más tarde junto a otros yaquis y en un contexto más cotidiano ellos dicen que el peyote vuelve loca a la gente, que los hace vomitar y los lleva a perder la cabeza. Frente a esto don Juan los anima a dejar las cosas banales de la vida y no perder la oportunidad de verse beneficiados por Mescalito. Dice que Mescalito es un protector y que revela secretos; aunque sus conocidos yaquis, entre los que se cuenta a su nieto Lucio, rechazan esa invitación, hay uno que se se siente persuadido a probarlo, Eligio.
Mescalito tiene un lugar central en el universo, tiene poder y es independiente de los brujos. Cuando un brujo está en peligro frente a una de esas fuerzas inexplicables, cantar la canción que Mescalito le ha enseñado puede salvarlo. Tal independencia tiene Mescalito que incluso señaló a Carlos como aprendiz obligado de don Juan: “Es mi obligación enseñarte a ver. No porque yo personalmente quisiera hacerlo, sino porque fuiste escogido; tú me fuiste señalado por Mescalito” (1993: 247).
Afirma Castaneda que “Una realidad aparte” es un reportaje y según esta declaración el libro no debería ser considerado como una novela, ya que el texto tiene pretensión de verdad y no de ficción. No obstante, esta es la duda generalizada que ha recaído sobre esta obra: ser una recopilación de anécdotas de diversos indios yaquis, noveladas en torno de los supuestos aprendizajes y vivencias de Carlos. Pese a esta duda los libros de Castaneda han gozado de una amplia aceptación y casi culto. Y pese a sus detractores, nada le resta profundidad a los temas que trata, a la coherencia de la narración y al impacto de sus experiencias en el público lector.
