Reseña de «La actualidad de lo bello» de Hans-Georg Gadamer

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El título completo del libro es «La actualidad de lo bello: El arte como juego, símbolo y fiesta«, lo cual ya proyecta mucho de lo que Hans-Georg Gadamer explica en este libro. Gadamer dice que es un intento arriesgado y estimulante trazar un puente ontológico entre la tradición artística (el «gran arte del pasado») y el arte moderno, desafiando el diagnóstico de crisis artística de la modernidad (recordar que éste es un libro del año 1977; título original en alemán: Die Aktualität des Schönen). La obra de Gadamer es una defensa de la unidad del arte, buscando legitimar las nuevas formas de creación, incluso aquellas que resultan extrañas o no-objetuales, demostrando que el arte es conocimiento.

Respuesta de Gadamer frente al arte clásico y la crísis del arte según Hegel

El texto inicia con un «ajuste de cuentas» con Georg Wilhelm Friedrich Hegel y su influyente tesis sobre el «carácter de pasado del arte» o la «muerte del arte». Para Hegel, el arte clásico representaba un equilibrio perfecto entre materia y espíritu, equilibrio que se rompió con el «exceso de conciencia» del arte romántico. Este quiebre conduciría, según la dialéctica hegeliana, a la superación del arte por formas superiores de conciencia (religión y filosofía).
Gadamer critica los «excesos idealistas» de Hegel, pero utiliza su análisis para enmarcar la crisis de la tradición artística que se consolida en el siglo XIX, cuando la creación se autonomiza de su contexto social y religioso, forzando al arte a proclamar la «textualidad de su verdad».

A partir de lo anterior, Gadamer recurre a Immanuel Kant. Este filósofo se apoya en la Crítica del Juicio para destacar la autonomía de lo estético y el goce como «satisfacción desinteresada». Específicamente, Gadamer ve en la noción kantiana de la «belleza libre» (belleza libre de conceptos y significados) la prefiguración teórica de la evolución del arte moderno. El arte moderno, al no querer ser «nada más que arte» (es decir, volviéndose autoconsciente de su autosuficiencia), cumple el ideal de habitar libremente la belleza, contradiciendo, en cierto sentido, el diagnóstico hegeliano de decadencia.

La crítica de Rafael Argullol en la introducción

La introducción de Rafael Argullol (autor de Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura) se titula «El arte después de la muerte del arte» y señala un punto de fricción en el planteamiento de Gadamer. Argullol sugiere que Gadamer pasa por alto la «irresuelta duplicidad kantiana entre arte y experiencia estética». Aunque Kant proclamó la autonomía de lo estético (abriendo la puerta al subjetivismo), mantuvo una atmósfera clasicista-ilustrada que exigía al arte una adecuación objetiva a la norma. Fue la posterior crítica romántica e idealista (en el «tiempo de Hegel») la que trasladó el valor del subjetivismo de la experiencia estética al universo artístico, sellando el nacimiento de la modernidad.

Reseña del libro De la actualidad de lo bello - H-G-Gadamer

La actualidad de lo bello El arte como juego, símbolo y fiesta
Hans‐Georg Gadamer

Introducción de Rafael Argullol
Título original: Die Aktualität des Schönen.
Traducción de Antonio Gómez Ramos.

Fundamentos antropológicos del arte: juego, símbolo y fiesta

Para argumentar la defensa de la unidad y la permanencia del arte, Gadamer se adentra en la experiencia antropológica (del arte) a través de tres conceptos interconectados: juego, símbolo y fiesta.

Lo lúdico, el Juego: El juego es definido como una función elemental humana, un «automovimiento que no tiende a un final o una meta, sino al movimiento en cuanto movimiento,» manifestando un fenómeno de exceso y autorrepresentación de lo viviente. En el arte, el juego implica que la obra nunca está «acabada» (obra cerrada) sino que se entiende como un proceso de construcción y reconstrucción continuas. La recepción de la obra requiere que el espectador se convierta en «co-jugador,» realizando un trabajo activo de síntesis y reflexión. Esto se sintetiza en la noción de «no-distinción estética», donde la interpretación y la identidad de la obra se funden en la experiencia artística.

El Símbolo: Gadamer utiliza la etimología de la palabra griega sýmbolon (tablilla partida que permite el reconocimiento) para definir lo simbólico en el arte. A diferencia de la alegoría, que remite a un significado que puede expresarse directamente, el símbolo representa el significado, haciéndolo presente. La experiencia de lo simbólico en el arte es la evocación de un «orden íntegro posible». Argumenta que el arte, al resistirse a una superación conceptual, genera un «crecimiento en el ser» (ganancia en ser), lo que confiere a la obra de arte su carácter irremplazable e insustituible, el «aura» de la que habla Benjamin en La obra de arte en la época de su reproducción técnica. Lo simbólico, por tanto, descansa en un «insoluble juego de contrarios, de mostración y ocultación».

El Arte como Fiesta: La fiesta se entiende como la superación del aislamiento y la presentación de la comunidad. Gadamer conecta la experiencia de la fiesta con la estructura temporal propia de la obra de arte. Frente al «tiempo vacío» (tiempo calculable y sujeto al aburrimiento o el ajetreo), la fiesta y el arte ofrecen un «tiempo lleno» o tiempo propio, invitando a la actividad de «aprender a demorarse» en la obra. Este demorarse no se torna aburrido y permite que la «conformación» (o Gebilde) adquiera una «unidad orgánica» y duradera.

Conclusión sobre la función del arte según Gadamer

Gadamer concluye que el arte de todos los tiempos y el arte moderno, a pesar de sus diferencias de estilo y temática, persiguen la misma función antropológica: otorgar permanencia a lo fugitivo. El arte moderno, con su aparente pobreza de símbolos (dice Gádamer «indigencia de símbolos), exige la construcción activa de la comunidad de comunicación y el re-conocimiento del orden subyacente.

El esfuerzo de Gadamer es notable por su optimismo y su capacidad para utilizar conceptos filosóficos tradicionales (juego, símbolo) para validar las audacias formales del arte contemporáneo, manteniendo una perspectiva esencialista. El texto ofrece una profunda invitación a la actividad reflexiva como condición imprescindible para la experiencia artística.
Como un arqueólogo que excava capas de sentido para reconstruir un vaso fragmentado, Gadamer utiliza las categorías de juego, símbolo y fiesta para mostrar que, incluso en los restos dispersos del arte moderno, reside la promesa (el sýmbolon) de un orden y una verdad que nos invitan al re-conocimiento

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Acerca de La Actualidad de lo Bello o el arte según Gadamer

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