Viaje a pie de Fernando González: reseña y apuntes

Reseña de libro Viaje a Pie - Fernando González
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Encontrar un ejemplar de Viaje a pie de Fernando González, no fue fácil. El libro que tengo es de tercera mano, o cuarta mano. Fue una grata sorpresa descubrir que la presentación de esta edición está hecha por Gonzalo Arango, quien también escribió más de un verso lamentando la mojigatería moral e intelectual del pueblo colombiano e invitando a salir de ese hueco. {El ejemplar que he leído para hacer esta reseña, comentarios y compartir citas textuales es de Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1967. No obstante, la primera edición de esta obra es de 1929}.

Desde 1886 hasta 1930, un año después de publicado Viaje a pie, Colombia solo había tenido gobiernos conservadores, intensamente eclesiásticos. Fernando González, “bastardo de esta sociedad putrefacta” al decir de Gonzalo Arango, fue un referente local para poetas y pensadores colombianos y sus ideas inspiraron a otros filósofos y escritores centrales para este país como León de Greiff y Estanislao Zuleta. Después de casi 100 años de la publicación de Viaje a pie, se puede afirmar que este libro, y en general la obra de Fernando González, debería ser consultada por el público lector colombiano, incluso por adolescentes escolares.

Viaje a pie es una especie de crónica de un viaje, una suerte de apuntes que Fernando González toma gracias a la caminata que hizo desde Envigado hasta Buenaventura, pasando por diversos pueblos del eje cafetero, Manizales, el nevado del Ruiz y Cali. González deja ver una República de Colombia montañosa y campesina, joven aún, pero ya mal encauzada, demasiado enervada por la miopía conservadora y el miedo a pensar, lejos aún de una identidad propia. Pero en medio de esas observaciones, su libro es, sobre todo, un viaje al interior de sí mismo, un recorrer el camino de sus propias ideas, un camino en el que se piensa y se camina, con permiso de uno mismo.

“Caminar es el gran placer del cuerpo, pues todo está hecho para ello” (P. 34). La Colombia que recorre Fernando González en diciembre de 1928, creo yo, era más parecida a la Colombia que había descrito el médico Charles Saffray en 1861 , que la Colombia del año 2020… Una Colombia con mucha naturaleza y con demasiado clero, en un tiempo previo a la Segunda Guerra mundial y en el que aún eran nuevas las antenas de radio. En su libro se puede observar que en ese entonces ya estaba bien presente una mentalidad cerrada, asustadiza, imitadora y confundida que ha frenado a Colombia desde que es República. Dice el autor que la gente se sorprendía de que ¡viajaran a pie! ¡en 1929! “El ignorante se aburre en el camino: solo percibe las sensaciones de cansancio y de fatiga” (P. 25).

En su momento, el libro fue celebrado por la crítica francesa y por algunos lectores colombianos. No obstante, como era apenas lógico, el clero condenó la publicación. Manuel José Caycedo, arzobispo de Medellín lo afirmó así: “Viaje a pie está prohibido bajo pecado mortal porque ataca los fundamentos de la Religión y la moral con ideas evolucionistas, hace burla sacrílega de los dogmas de la fe y con sarcasmos volterianos ridiculiza las personas y las cosas santas, trata de asuntos lascivos y está caracterizado por un sensualismo brutal que respiran todas sus páginas”. Después de una declaración semejante, dan más ganas de leerlo. Haría bien leer a Fernando González cuando aún se es menor de edad, cuando la mente adolescente en ebullición pueda hacer una síntesis química entre su ansia por la vida y la filosofía de un caminante.

González tenía treinta y pocos años, caminó junto a Don Benjamín, y en sus páginas dedica sus esfuerzos y reflexiones a una mujer: Julia. El libro es un libro con una voz demasiada masculina, y en ciertos pasajes algunos podrían tildarlo de machista. Por ejemplo, hace una apología al encanto mudo y natural, sin palabras, del amor y la mujer, a la disposición “natural” receptora, a la manera en que se encanta a una mujer.

Contracubierta del libro Viaje a pie de Fernando González. Bogotá, Tercer mundo editores. 1967

Viaje a pie es un viaje a uno mismo, al autodescubrimiento

Afirma Gonzalo Arango que Viaje a pie es un viaje a sí mismo, un viaje del pensamiento que recorre senderos más pasionales que racionales. También llamado el brujo de Otraparte, Fernando González ciertamente tiene un tinte místico en su relato, en el cual hay un llamado al amor, a la tierra y una búsqueda propia de Dios y lo trascendente. Afirmó que somos hijos de la tierra, atraídos por esa fuerza que es la gravedad, “somos péndulos atraídos irremediablemente hacia el centro de la materia”.

Se recuerda que Fernando González era un hombre observador, un hombre en busca de su propia conciencia, “presidente de mi mismo” había dicho, cercano a la tierra… En ese viaje, reflexiona sobre el ánimo, el ritmo, la voluntad, la identidad, la necesidad del ser humano (explica que el hambre, el amor y el miedo son los 3 factores que hacer mover la vida), el tiempo y claramente sobre el caminar: “La organización económica del mundo es absurda… ha creado la ciudad y la vida sedentaria” (P.35).

Cada uno tiene su ritmo escribe en el libro, un ritmo propio para caminar, para trabajar, para amar. Un hombre y una mujer se atraen y se verifica por sus ritmos. Esto beneficia a la economía del universo. “Por el ritmo podría clasificarse a los hombres” (P. 23)

El ánimo es para González una propiedad interior que se puede hacer crecer, que se cultiva. “Lo que hace mover al mundo no es sino el ánimo de los héroes”. Afirma que el ánimo depende de la cantidad de energía, así el ánimo sería más bajo en la vejez. Qué más dogmático que un anciano, afirma, porque no tiene energía anímica. Este último comentario, también es muy propio de su época, en la cual el paradigma de la vejez era terriblemente negativo. Lo único que tenemos es nuestra energía, por eso, el hombre después del coito es un animal triste, afirma. González veía a Bolívar como a un hombre con mucho ánimo, en contraste con la población semoviente que veía en su país: “¡Pobre Simón Bolívar, que libertó 5 repúblicas, y que apenas se fueron los españoles vio que no había quedado sino un hombre: él, solitario en un desierto de alimañas!” (ver página 54). El diablo, el cura, el bachiller, el míster, el arriero y el mendigo, son los personajes de la vida de su país, entre ellos se hace su sociedad.

Fernando González fue crítico, no solo de la clase política, sino del sistema en general. Se había declarado anarquista. En ese orden de ideas, en Viaje a pie reflexiona sobre el siglo XX que ya engendraba el futuro que después hemos vivido. Es el siglo del hombre para hacer fortuna, escribe, el crédito es el dios del siglo XX, la moral última, no hagáis mal para no perder el crédito, ejemplifica. En otro tiempo, en la antigüedad, la sociedad era más lenta, todo iba más despacio, todo duraba, las casas, los libros de cuero, las ropas, el amor… ahora no, comenta. Ya en 1928 entreveía la idea que desarrollaría Zygmunt Bauman acerca de la sociedad líquida y la inevitable aceleración que nos ha llevado a la sociedad del rendimiento a.k.a. La sociedad del cansancio , al decir de Byung-Chul Han.

“Porque ya no pensamos en la eternidad, porque somos un manojo de segundos, lo supremo para nosotros es el dinero. También se compone de centavos y con él se compra todo lo que se ha inventado para adornar el tiempo” (P. 43). Lo anterior, lo dice González reflexionando acerca del tiempo, la aceleración, la tendencia al “vivir rápido” que se engendraba por ese entonces y por allá tan lejos. El año de la publicación de Viaje a pie es el año de la Gran Depresión.

“!Mejor que el calor del sol de la mañana eres tú, Castidad! Porque las glándulas seminales son el origen de la vida”

Fernando González

¿Qué es el ser humano y para dónde va? Tal vez es una pregunta talla XXL que está detrás de la filosofía de Fernando Gónzalez. En Viaje a pie, el caminar es una metáfora del transitar del filósofo por un sendero que se dirige, por lo menos pretenciosamente, hacia una respuesta. El hambre, el amor y el miedo, son para él tres factores míticos y todos los demás están comprendidos allí. Todas las soluciones son para el hambre o para el miedo (incluido el miedo a la muerte). El homínido evolucionó debido al hambre, incluso.

Más allá de Simón Bolívar, Fernando González recuerda a Jesucristo y a Siddartha Gautama; son grandes superadores, gente que hace de su destino algo superior. “El hombre grande es el que está descontento de ser el animal que suda, digiere y tiene hambre”, reflexiona.

Entre las conclusiones a las que llega en Viaje a pie se destaca la invitación a Ser. A ser el que uno es y no imitar tanto: … “lo único hermoso es la manifestación que brota de la esencia vital de cada uno”. Y también la declaración del amor como esencia de la vida, una brújula que te lleva por el camino de la fidelidad contigo mismo y con los demás, que no son el medio para lograr tus metas, sino fines en sí mismos. Por supuesto hay una invitación al pensamiento, ese bien preciado. Hablando del pensamiento me ha hecho recordar a la novela El retrato de Dorian Gray , porque Fernando González dice que el pensar cambia la cara, disminuye cierta belleza, retuerce el cuerpo. Así mismo, en la novela de Oscar Wilde, Lord Henry Wooton habla sobre cómo el pensamiento corrompe la belleza del rostro, lo cual se corrobora en la belleza inmaculada de las mujeres que no piensan. Fernando González también lo comenta, dice que históricamente, las mujeres no han tenido que pensar.

La siguiente cita resumen bien su crítica general a la sociedad: “Robos, asesinatos, vanidad, exasperación sexual, ése es el hombre de mil novecientos veintinueve, igual a lo que fue en el año uno de su historia” (ver página 148).

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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